La historia marítima de un lugar no solo la componen sus naufragios, si no que hay una parte de sucesos o curiosidades de toda clase y que en el caso de Cobas son muchísimas gracias al prominente cabo Prior, zona de paso obligada para acceder a Ferrol o la Coruña si se viene del norte, sobre todo antes de los dispositivos de separación de costa, en una época en la que muchos ceñían las derrotas de los mercantes a tierra, tanto de forma voluntaria para ganar tiempo, como de forma accidental debido a los vientos del oeste y noroeste, de hecho una búsqueda de las palabras «cabo Prior» en cualquier hemeroteca o archivo va crear una cantidad ingente de resultados que hay que ir cribando con atención, un perro naufrago, rescates in extremis, amerizajes, globos caídos al mar, o la guerra submarina durante la segunda guerra mundial, son solo algunos de los ejemplos.
Precisamente esta noticia que relato a continuación no acabó en naufragio, pero este accidente tuvo consecuencias fatales para tres tripulantes, uno de ellos perdido para siempre en nuestras aguas y sin duda alguna, tuvo que ser un espectáculo dantesco ver como durante toda la noche, un barco doblaba cabo Prior con un enorme fuego a bordo, muy cerca de tierra, para entrar finalmente en el puerto de A Coruña.

Ybarra fue sin duda la compañía más prolífica de España, se fundó en 1.843 con un velero que cubría la ruta Bilbao-Sevilla y desapareció por completo en 2008, aunque tuvo otros nombres al comienzo, toma su nombre definitivo en 1.885 y es cuando empieza a nombrar todos sus barcos con nombres de cabos, precisamente en este año el astillero de Newcastle, Swan & Hunter les entrega un mercante de 1.500 toneladas brutas llamado Cabo Trafalgar, este mercante se perdería el dieciocho de mayo de 1.909 en Chipiona, pero antes protagonizaría este desgraciado suceso en nuestras aguas.
El vapor Cabo Trafalgar zarpó la tarde del domingo 29 de julio de 1.906 del puerto de Santander, llevaba a bordo 2.300 toneladas de carga general, de las cuales unas 900 toneladas eran para los puertos de Ferrol y A Coruña, principalmente harina, tabaco, muebles y ferretería. Unas horas después de zarpar, sobre las ocho de la tarde, estaba haciendo su guardia en el puente el primer oficial José Gutiérrez, acompañado en ese momento por el capitán Manuel Ferreiro, y el primer maquinista Alberto Belamunde, cuando el mayordomo José Luis Nogueira les hizo fijarse en una pequeña columna de humo que salía por una lucerna de la máquina, por lo que bajó corriendo el primer maquinista a averiguar lo que pasaba. Poco antes fue el calderetero Aurelio Rodríguez, al pañol de la maquina donde guardaban entre otros productos aguarrás, aceites y bencina, destinados estos a la limpieza de la máquina, alumbrándose con un farol, cuando este debió prender en alguno de los productos citados, produciendo muy rápidamente un fuerte incendio, intentó el calderetero sofocar el fuego pero se desmayó a causa del humo antes de conseguir salir de la máquina, sí lo consiguió el fogonero Carlos Abeladejo que se cruzó con el primer maquinista que bajaba corriendo del puente, este intentó poner en funcionamiento las bombas para extinguir el fuego pero también pereció asfixiado por el humo antes de conseguirlo. En pocos minutos el humo salía con fuerza de la maquina y envolvía la mitad de popa del vapor, el capitán llamó por las escotillas al maquinista pero sin obtener respuesta alguna, entendiendo de inmediato lo comprometido de la situación ordenó el capitán preparar los medios necesarios por si fuese necesario abandonar el barco.
Las altas temperaturas que alcanzó el incendio pusieron al rojo vivo los mamparos que separan la máquina de las bodegas, propagándose el fuego a las contiguas, las numero tres y cuatro, el intenso calor que desprendían los mamparos y cubierta de hierro y la poca visibilidad a causa del humo hicieron imposible abrir las bodegas ( de aquella se cerraban con pesadas vigas llamadas galeotas, cuarteles y esloras y se cubría todo con una lona para darles estanqueidad) la máquina estaba en llamas y no funcionaban las bombas, por lo que solo podían coger agua con baldes y arrojarla sobre las llamas, algo del todo ineficiente, no tardó mucho en quedarse el Cabo Trafalgar sin propulsión y por lo tanto sin gobierno, atravesándose al mar que esa noche era arbolada y corriendo el riesgo de zozobrar, esto, sumado al miedo de que la caldera explotase, hizo decidir al capitán arriar los botes ante el inminente momento de abandonar el barco, en uno de los botes bajó el marinero Alfonso Souto, pero antes de llegar al agua uno de los pescantes se soltó debido a los golpes de las olas, quedando el bote vertical y cayendo el marinero al agua, se le arrojaron chalecos y se arrió otro bote que se dedicó a buscar al marinero durante más de cuatro horas, pero no lo dieron encontrado.

A eso de las once y media de la noche, el vapor de la compañía Ybarra era ya una enorme hoguera a tan solo seis millas por el este de cabo Prior, visible a muchas millas de distancia, seguía la tripulación luchando por salvar su barco, cuando se dieron cuenta a bordo que se les aproximaba un vapor inglés, era el Universal, afirmando más tarde su capitán que hacía tres horas que vieran las llamas y pusieran proa a ellos para prestarles auxilio. Ayudados por un bote pasaron un cabo de remolque, acabando las maniobras necesarias sobre las tres de la madrugada y a muy poca máquina, pusieron rumbo al puerto de la Coruña, a donde llegaron a las nueve de la mañana del lunes, sin duda tuvo que ser un espectáculo dantesco ver un barco en llamas remolcado a lo largo de nuestra costa durante toda la noche.
Aun con mucho fuego a bordo entró en el puerto de la Coruña, llamando la atención de todos los vecinos, pero también de las autoridades y tripulaciones de otros mercantes, un buque de marina e incluso otro barco de su misma compañía, que dejaron de inmediato sus labores para ayudar a los tripulantes del mercante en apuros, el Cabo Trafalgar fondeó muy cerca del muelle del Este y pronto se le abarloó otro barco, un aljibe del puerto llamado Roberto, cargado de agua y con potentes bombas, pero siendo imposible acceder a las bodegas en llamas, por la gran cantidad de humo y el calor bajo cubierta, fue necesario abrir agujeros en la cubierta del barco y meter así las mangueras contraincendios. Fue tanta la cantidad de agua que metieron intentando sofocar el incendio en el Cabo Trafalgar, que fue necesario parar las labores contraincendios y varar el barco ante el inminente peligro de hundirlo, una vez varado prosiguieron las labores hasta las dos de la tarde, cuando se da por sofocado el fuego y se consigue enfriar lo suficiente los mamparos y escotillas del barco.

Los cadáveres del calderetas y el primer maquinista aparecieron en la máquina, ambos estaban boca arriba, el del oficial tumbado junto a la bomba que quería poner en marcha para sofocar en incendio, ambos cuerpos estaban totalmente calcinados, hasta el punto que muchos de los allí presentes se negaron a manipularlos, fue el propio mayordomo que alertó del humo, ayudado por otro hombre, quienes envolvieron y taparon los dos cuerpos antes de sacarlos del barco.
Fuentes consultadas:
- Foto de portada del astillero Swan & Hunter en 1.900 de http://www.commons.wikimedia.org
- Datos de Cabo Trafalgar: http://www.tynebuiltships.co.uk
- Hemeroteca de los periódicos: El correo de Galicia, El norte de Galicia, La correspondencia Gallega del 1 de agosto y El diario de Pontevedra del 2 de agosto de 1.906
