Cuando encontré estos dos artículos en viejos periódicos digitalizados en la pagina Galiciana, no pude evitar pensar en un suceso que nos sucedió hace muchos años, un día de pesca a pulmón en el tramo de costa entre la playa de Ponzos y la de Campelo, conocido como Las Barriladas. Ese día salimos en la chalana mi padre, Javier Pitillo, mi primo Dani y el que esto escribe, era un día de verano y de pesca normal, quizás con un poco de mar de fondo, ese mar con olas ordenadas y lentas, como cuando los niños dibujan las ondas, pero que no llegaría ni siquiera al medio metro de altura, ya habíamos mirado la zona y yo me acababa de subir a la chalana cuando escuche los gritos de mi padre, que estaba a punto de subirse también, todo fue muy rápido, miré a proa y vi una ola de buen tamaño, quizás no llegase a los dos metros, pero la chalana estaba fondeada en poca agua, ya que era un día de calma, y eso era peligroso, mi padre me ordenó levantar el rizón mientras el subía e intentó arrancar el fueraborda con todo el equipo puesto, aunque la ola ya se levantaba para romper tuvimos la suerte de que lo hizo después de pasar nuestra posición, levantándonos y obligándome a soltar el cabo del fondeo para no quemarme las manos, rompió por nuestra popa mientras levantábamos el fondeo y encendía el motor, buscamos a Dani, lo recogimos y cambiamos de sitio de pesca, fondeando esta vez en aguas con más calado, por si las moscas.

Esta anécdota y muy posiblemente las dos noticias que relato a continuación son lo que se conoce como olas gigantes, monstruo o vagabundas, no me corresponde a mi explicar como se forman, pero hasta donde he podido averiguar o entender, una ola roba la energía de la que lleva delante y detrás, teniendo que ser su altura más del doble que la media de la altura del tercio mayor del resto de olas para poder ser considerada como ola gigante, pero no es exactamente el tamaño lo que las hace peligrosas, sino que en alta mar cambian ligeramente de dirección con respecto al resto del oleaje, por lo que si un barco está a la capa, manteniendo su proa en cierto ángulo con el oleaje y a muy poca maquina, una ola del doble de tamaño que venga de otra dirección, lo va a golpear por el costado o justo por la proa y no por la amura, que es lo más seguro.
Evidentemente nuestro pequeño susto no tiene nada que ver con el tamaño o proporciones que llegan a alcanzar estas olas, aunque el peligro del tamaño de las olas es proporcional al tamaño de la embarcación que las enfrenta. Pero estas olas, antes consideradas como muy poco probables o mitos por los científicos que a duras penas creían los relatos de los marinos, a día de hoy se sabe que son más frecuentes de lo que nos gustaría, sin ir más lejos, si retrocedemos hasta el año de las ciclogénesis por excelencia, el 2.018, tenemos registros de olas gigantes por las boyas de la red de oceanografía del estado, más concretamente el diecisiete de enero la boya de aguas profundas de Villano-Sisargas registró una ola de 27,8 metros un día en el que el oleaje medio fue de 9,61 metros y la boya de Langosteira, una boya fondeada a pocos cientos de metros de tierra y en cincuenta metros de profundidad, registró una ola de 19,23 metros antes de desaparecer, aunque ese día el oleaje rondó todo el tiempo los 12 metros de altura en las inmediaciones del puerto exterior de Coruña.

Pero vamos ya con las dos noticias antiguas, la primera la analiza el periódico El eco de Galicia, en un extenso reportaje publicado el 30 de agosto de 1.898, informando de «un extraño suceso en nuestras costas que afectó a un buen número de embarcaciones«, si bien el que sufrió de lleno su efecto fue un vaporcito del puerto de la Coruña que se dedicaba por esa época al remolque y cabotaje entre los puertos del norte de Galicia.
Vapor Alerta, 1.897
El veinticuatro de diciembre de 1.897 a la una del mediodía, salió del puerto de la Coruña el vapor Alerta, matrícula del mismo puerto, cuando navegaba a veinte millas al oeste de Cabo Prior, con marejada moderada y una leve brisa del suroeste, marcaba el barómetro 769 mm de mercurio y el termómetro doce grados, de repente vio su patrón algo extraño por el noroeste, parecido a una montaña que avanzaba a gran velocidad hacia el buque, tardó un poco en darse cuenta de que se trataba de una ola formidable, poniendo de inmediato proa a semejante amenaza y moderando todo lo posible la máquina, fue alcanzado rápidamente y alzado con violencia por la ola que barrió toda la cubierta, causando muchas averías, descendió por ella lleno de agua, la cual manifiesta la tripulación que curiosamente estaba mucho más templada de lo normal, pasada esta ola gigantesca, siguió el mar con marejada moderada, leve brisa del suroeste y cielo despejado.
Días más tarde del incidente de vapor Alerta antes mencionado, concretamente del 29 de diciembre al 1 de enero de 1898 apareció en nuestras costas un temporal con vientos huracanados variables del suroeste al noroeste con mar arbolada y una depresión barométrica pocas veces observada en estas costas. Afirma este periódico que dicho temporal de fin de año de 1.897 causó grandes estragos en todos los buques que se encontraban en alta mar, desarbolando a muchos de ellos y arrojando a la costa a otros, pero lo único que conseguí encontrar es la perdida en Cedeira a un barco de vela francés llamado S.H. que se enfrentó al temporal en aguas de Prior, aunque si tenemos constancia en la prensa de muchos destrozos a bordo de los barcos que no se resguardaron, o en las ciudades gallegas, con tejados, arboles o chimeneas llevadas por el viento huracanado.
Santa Isabel, 1.918

El Santa Isabel, un magnífico barco de la compañía Trasatlántica Española, pero con una corta y trágica vida, conocido como el Titanic gallego a causa de su terrible naufragio en 1.921 cerca de Sálvora, en el cual perdieron la vida más de doscientas personas, va ser protagonista de un suceso extraño, a la vez que trágico en aguas de Ferrol, tres años antes de su desdichado final.
Este barco de la época de la inmigración, salió de Cádiz capitaneado por Ramón Fano, haciendo escala en Vigo y la Coruña, puerto este último de donde zarpa el veintitrés de febrero de 1.918 a las dos de la tarde, poniendo rumbo a Gijón, manifiesta el capitán que era un día con viento del noroeste no muy fuerte y mar algo picada pero que no suponía ningún inconveniente para la navegación. Cuando estaba el barco entre los cabos Prioriño y Prior una gigantesca ola rompió de imprevisto contra su amura de estribor barriendo toda la cubierta y saliendo por la popa, pereciendo tres personas y causando grandes averías (saliendo de Coruña rumbo a Gijón se lleva un rumbo norte o nornoroeste para evitar las Gabeiras y los bajos Tarracidos, lo que hace muy extraño que la ola golpee el costado de estribor del mercante ya que significaría que provenía del norte o noreste).
Relatan los testigos a la prensa que en el momento de ser golpeados por la enorme ola, salía el camarero José Barreiro del camarote del capitán y bajando por la escalera de la ciudadela de popa, fue lanzado por el agua contra el pasamanos, muriendo al instante por el golpe en la cabeza, el pasajero José Alizouren, que se dirigía a Santander y en esos momentos estaba leyendo un periódico en cubierta, fue arrastrado por la formidable ola, desapareciendo para siempre en el mar. También un niño de tres años, que se encontraba jugando con un hermano en cubierta, fue arrastrado por la ola ante la desesperada madre que nada pudo hacer para salvarlo. Además, un pasajero y un tripulante resultaron gravemente heridos, así como multitud de pasajeros también tuvieron contusiones y heridas de menor importancia. En cuanto al barco, perdió dos botes salvavidas y las escalas de estribor quedaron destrozadas al igual que la cámara de primera clase, el salón de música y gran cantidad de los cristales de las terrazas de estribor.
Afirma un oficial del Santa Isabel a la prensa, que en sus veintiún años que llevaba navegando, no había visto un caso tan extraño, ni una ola tan grande, así mismo el capitán afirma que “ha sido verdaderamente milagroso que el barco no se haya ido al fondo envuelto entre la ola, teniendo en cuenta las proporciones de esta y su furioso ímpetu”
Catorce días más tarde, el doce de Marzo, unos vecinos de Camariñas que recogían algazo en la playa de Reira para abonar las tierras, encuentran el cuerpo de un niño casi desnudo con un zapatito de charol, que suponen las autoridades que tenga unos cuatro años y pertenezca a una familia de buena posición, por lo que puede tratarse del niño del trasatlántico. Varios vecinos de Camariñas sufragan los gastos de la caja, entierro y misa del pequeño difunto.

Fuentes consultadas:
- Sobre el caso del Alerta: Hemeroteca de El Eco de Galicia del 30 de agosto de 1.898
- Sobre el temporal huracanado: Hemeroteca de El correo gallego del 29 y 30 de diciembre de 1.897 y del 3 de enero de 1.898
- Sobre el accidente del Santa Isabel hemeroteca de El ideal Gallego del 5 de marzo de 1.918 y El ideal Gallego del 13 de marzo de 1.918
- https://www.guiategalicia.com/213-muertos-en-el-tragico-naufragio-del-vapor-santa-isabel/
