Naufragio en las Gabeiras, 1.913

A priori puede parecer curioso que un mismo armador pierda dos barcos en el mismo sitio, o en sitios muy cercanos, pero después de años buscando y recopilando información sobre naufragios e incidentes en nuestro tramo de costa, he llegado a la conclusión de que Ferrol y su ría jugaron un papel muy importante en la historia marítima gallega, por un lado su importancia como base militar y sus astilleros atrajeron un enorme trafico de mercancías y personas, y a un mayor trafico, mayor probabilidad de que se produzcan accidentes, como así sucedió, pero también fue un buen puerto donde reparar averías, con unos astilleros e instalaciones cada vez más modernas y esto provocó que barcos que tuvieron su accidente lejos de nuestras costas, acabaran naufragando aquí, el Tonghai, que fue remolcado hasta nuestro puerto y se hundió a milla y media de la entrada, el Eshcol o el Virent, que ya he tratado en este blog, o el Clara Camus y otros que por ahora no voy a revelar son ejemplo de esto, pero si estos barcos cuyos accidentes ocurrieron lejos acabaron naufragando en nuestras aguas, curiosamente muchos de los que se accidentaron aquí, fueron salvados precisamente por la cercanía de un puerto con buenas instalaciones, remolcadores y medios para efectuar el salvamento, o en el peor de los casos, el desguace del naufragio, pero dejémonos de explicaciones y vamos con el caso de este pequeño vapor de cabotaje.

Con este vapor y el Marta, caso que expuse hace poco, se dan un par de coincidencias cuando menos curiosas, por un lado fue encargado por una naviera con el mismo nombre que la del Marta, Vapores Costeros S.A. pero que no eran la misma, ya que José Suárez Asenjo, un comerciante de Luarca y Santiago Nájera Alesón, comerciante de Gijón, se asocian para comenzar un negocio naviero, pero sin formalizar la sociedad, para tal fin encargan a los astilleros ingleses R. Craggs &Co. de Middiesbrough, la construcción de un pequeño vapor con casco de hierro, de veinticuatro metros y medio de eslora y ochenta y tres TRBs de registro y lo matriculan en Gijón el veinticuatro de febrero de 1.892 con el nombre de Luarca. Pero esta sociedad se disolvió en 1.904, comprando los dos vapores que tenía la naviera un tal Santiago Najera Alesón, y que decidió alargar cuatro metros el Luarca y convertir en gabarra el otro, llamado Navia. En 1.912 el Luarca es vendido de nuevo y comprado por Antonio González Vega, que es el mismo propietario que aportó el Marta a la flota de Vapores Costeros S.A. De echo adquirió otros pequeños vapores que iría nombrando con la palabra Luarca y un numeral, para dedicarlos al cabotaje en el cantábrico y atlántico gallego, hasta que en 1.922, esta flota de buques se integra en la nueva compañía, también llamada Vapores Costeros S.A. y dedicada al transporte de mercancía entre todos los puertos del cantábrico y atlántico gallego, pero el vapor del que hablamos hoy, naufragó antes de poder pasar a formar parte de esta nueva compañía.

Vapor Luarca, fecha y lugar desconocido, autor desconocido, extraída de http://www.vidamaritima.com

Como es lógico para una empresa asturiana de cabotaje, una de las mercancías principales que transportaba era el carbón extraído de las minas asturianas y que en los tiempos del vapor, surtía a numerosos puertos del norte del país, intentando hacer el viaje de vuelta con otras mercancías, como ya hemos visto con el caso del Marta, era frecuente que de Galicia llevasen madera para el uso en las minas asturianas. Este vaporcito que nos ocupa hoy, salió de madrugada del puerto de Gijón el lunes cuatro de agosto de 1.913, con un cargamento de 151 toneladas de carbón cribado para el puerto de Ferrol, más concretamente para los almacenes que Mariano Piñeiro tenía en la Graña, pero ya el martes tuvo que navegar a una velocidad muy moderada debido a la densa niebla que redujo la visibilidad en toda la costa del norte de Galicia, navegando a estima contaban entrar en Ferrol la noche del martes, pero sobre las once y media de ese martes cinco de agosto embistió el Luarca algún bajo de la zona de las islas Gabeiras, el fuerte golpe alertó a la pequeña tripulación del barco, el capitán ordenó dar atrás para sacar el barco de las piedras mientras buscaban la vía de agua que inundaba la bodega, pero nada se podía hacer por el vaporcito de cabotaje que se hundía a los quince minutos de haber envestido alguna de las piedras próximas a las islas Gabeiras, solo tuvo tiempo la tripulación de arriar un bote salvavidas y recoger la documentación del barco, quedando a la deriva durante más de seis horas, sin poder posicionarse debido a la niebla y por lo tanto remar en un rumbo que los llevase a puerto o en todo caso a tierra firme.

No fue hasta que abrió el día y empezó a disiparse la niebla, cuando una tarrafa de pesca llamada Eulalia, escuchó las llamadas de ayuda que la tripulación del Luarca gritaba desesperada, recogió su aparejo y se dirigió hacia donde le parecía que provenían las voces, los divisó y socorrió, levando a los náufragos al puerto de la Coruña, donde fueron socorridos por el consignatario de la casa armadora, Melitón Fernandez, después de que prestaran declaración en comandancia de marina, ante el teniente de navío José Yusty. La tripulación salió en tren para Gijón el viernes ocho, esta estaba formada por el capitán José Casariego, el maquinista Enrique Menéndez, los fogoneros José Aurelio González Luengo y Benito López Muñoz, el cocinero Eduardo Vaamonde, el contramaestre José Fernández y los marineros, Ángel Fernández Abella, Marcial Arias y José Maceda, todos son naturales de Asturias.

Los Tarracidos son unos enormes bajos con una superficie de más de 45 kilómetros cuadrados, con sondas de unos pocos metros en las Gabeiras, a más de cien al oeste. Batimetría extraída de la pagina de Francisco del Coral.

Como supondrá el lector, ni siquiera la tripulación sabia exactamente donde se perdió su barco, manifestando que embistieron en las Gabeiras, quizás las lograsen ver en el momento del golpe, pero dando atrás y pasando el vaporcito quince minutos a la deriva antes de hundirse, manifiestan alguno periodistas que el barco se hundió en cuarenta brazas de agua, lo que son setenta metro de profundidad, pero estas afirmaciones no pueden tener ninguna base certera, de ser cierto que el barco golpeó alguna piedra de las Gabeiras, quizás se perdiera en los bajos Tarracidos, una enorme extensión de piedra hacia el oeste de las Gabeiras, porque de hacerlo en la zona de arena de la playa de Doniños o de San Jorge ya estaría localizado.


Fuentes consultadas:

Publicado por toninorthwest

Un pequeño explorador...

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